RELATOS

EL AMOR DE MI VIDA- Por: Juliana

Hola, mi nombre es Juliana tengo 17 años pero la historia que voy ha a contar sucedió cuando yo tenía 14. En ese entonces conocí a Manuel, un chico atractivo para mi gusto, divertido, amable y cariñoso. No le tomo mucho tiempo conquistarme, así que comenzamos una linda relación. Todo parecía normal, éramos felices, salíamos a pasear, me visitaba en casa, aunque ante la mayoría de mi familia solo éramos amigos, mi mamá lo sabia pero se lo ocultamos a mi papa, porque él siempre decía que yo debería tener novio después de los 18 aunque en conversaciones habíamos logrado bajar esa exigencia a los 16 años, de todos modos en ese entonces no la cumplía.

Como cualquier niña de mi edad a los 14 añitos todavía conservaba algo de inocencia pues no había tenido relaciones sexuales, reconozco que ya había dado uno que otro besito apasionado con apretadita de cuerpos y todo, pero nada que pueda llamarse sexo. El caso es que ahora estaba enamorada, quería estar con él y expresarle con mi cuerpo todo mi amor, quería mostrarle que se había ganado un espacio gigantesco en mi corazón y por eso también se había ganado los derechos sobre todo mi cuerpo.

Manuel todo el tiempo decía que me amaba, que yo era la mujer de su vida y que quería pasar conmigo el resto de sus días, la verdad eso me enloquecía, me llenaba de felicidad, me sentía la mujer más privilegiada del mundo. En medio de semejante ilirio de amor vino la gran propuesta de parte de él; ¿quieres hacer el amor conmigo? A lo cual respondí sin pensarlo que si, que soñaba con ese momento, que era lo que más deseaba hacer, así que empezamos a planear las cosas.

Como muchas parejas que quieren estar juntos íntimamente nos enfrentamos al problema del donde y cuando, pero el que quiere hacer algo lo hace y busca el pretexto que sea y así fue. Mi mejor amiga quien era mi confidente fue la encargada de “hacerme el cuarto”, ella le dijo a mi mamá que haría una piyamada en su casa y que estaríamos solo mujeres incluyendo a su mamá. Por la confianza que ella inspiraba en mi casa, mi mamá acepto y no se tomó la molestia de verificar, solo me recomendó que no fuera  a salir de la casa, tampoco pidió el teléfono fijo del lugar donde estaría porque ella sabe que me podía ubicar en mi celular. Por su parte mi novio se encargó de buscar el sitio, encontrando como futuro nido de amor el apartamento de una tía suya, quien era cómplice de lo que estaba pasando o mejor dicho, de lo que estaba por pasar. La tía nos dejó entrar, conversamos un poco y luego dijo: me marcho, tengo muchas cosas por hacer, voy a demorarme muchísimo pero pórtense bien, mientras dejaba salir una sonrisa de picardía.

 

 

 

Por fin se dio el tan anhelado encuentro, mi novio me trató con mucha delicadeza, supo darme confianza en medio del nerviosismo, me hizo sentir que era importante como mujer, no vi en él un egoísmo desesperado por alcanzar su premio sino que parecía preocuparse porque yo me sintiera bien y disfrutara el momento. Todo el tiempo fue muy delicado al tratarme, aunque hombre es hombre y no faltaron los momentos de emoción extrema, los cuales resultaron dolorosos para una niña inexperta como yo, pero aun así estaba feliz. Dolió pero valió la pena pensé en aquel momento, parecía que había alcanzado el cielo.

Después del primer encuentro es inevitable el temor. Que pasará ahora que mi novio ha conseguido lo que quería, me seguirá amando como decía hacerlo? La respuesta aparente fue si, él siguió tan cariñoso y amorosos como siempre, solo que ahora buscábamos la más mínima oportunidad para tener relaciones sexuales y así se dieron otros encuentros, en otros lugares, con otros pretextos y de muchas otras formas.

Mi novio seguía tan seguro de mí como al principio, me decía palabras maravillosas, no se cansaba de expresar que me amaba y que nunca me dejaría, que yo era la única y que en su vida no había lugar para otra mujer, que no se imaginaba este mundo sin mi, que me seguiría hasta el fin del mundo, en las buenas y en las malas. Mejor dicho hasta que la muerte nos separe, según él.

Un día comencé a sentirme mal de salud, comencé a tener mareos y las sospechas vinieron enseguida. Esto era acorde con un retraso en mi periodo menstrual que había pasado desapercibido hasta ese momento. El miedo me dominaba, pensé en comprar un test de embarazo pero tenía pánico, así que decidí esperar. No quise alarmar a nadie pero tenía que contárselo a mi novio, esperaba que resolviéramos las dudas juntos.

Ese fin de semana nos vimos como siempre, él vino a mi casa y estuvimos sentados en el jardín. Hablamos de todo un poco, mientras tanto buscaba la manera de comentarle mis dudas. Entre tantas palabras bonitas que acostumbraba decir, me dijo una vez más que me amaba, que sino fuera por que era un simple estudiante me llevaría a vivir con él, sin importar las dificultades que tuviéramos que pasar. Eso me dio mucha confianza, sabía que mi familia se vendría contra mí y tal vez me darían la espalda, así que saber que él iba a ser mi apoyo me calmaba un poco.

Por fin tomé valor y le conté que había una gran posibilidad de que estuviera en embarazo, que tal vez íbamos a ser padres. Su respuesta me sorprendió, de repente bajo su cabeza y enmudeció, luego de pensar y pensar dijo: tienes que abortar, estamos muy jóvenes para ser papás y comenzó a darme toda clase de argumentos, con los que nunca estuve de acuerdo. Yo no podía creerlo, me estaba proponiendo que matáramos a nuestro hijo, el fruto de ese amor que teníamos el uno por el otro. Ese día la cosa quedó allí, el no logró convencerme y yo no lo convencí a él y en lo único que nos pusimos de acuerdo es que al otro día compraríamos el dichoso test y saldríamos de la duda. La situación era demasiado obvia, los síntomas, el retraso, los encuentros sexuales y ahora la prueba; dos líneas azules sobre aquel aparatito cambiaron nuestras vidas.

Como es de imaginarse la relación con mi novio empezó a cambiar y a tornarse fría. Aquellas palabras de amor, aquellas promesas de estar conmigo en las buenas y en las malas, aquellas frases que me elevaban al cielo y me ponían a soñar, cambiaron por las discusiones, por la amenazas de un rompimiento si no se “corregía” el problema. Yo no entendía lo que estaba pasando, ¿por qué mi novio, mi amado, “el amor de mi vida” me estaba tratando así? ¿Donde quedaron sus palabras? ¿Donde quedó su amor? Mi decepción fue total, pero lo amaba tanto que le rogaba todos los días que volviera a ser como antes. En cambio de eso, lo que recibí fue su desprecio y finalmente cuando tenía tres meses de embarazo me dejó.

Fue un impacto muy duro para mí, la depresión y el dolor era tan grande que por poco pierdo a mi hijo. Me llevaron a una clínica y allá se supo todo; la verdad salió a la luz y toda mi familia se enteró. No se imaginan el problema que se formó, mi padre salió en busca de Manuel y hasta lo amenazó de muerte, le dijo que no se burlaría de su hija y que debería responder como hombre. Por otra parte sentí que el mundo se me venía encima, comenzaron las reclamaciones, las frases típicas como “te tiraste tu futuro”, “a que hora pasó todo esto” y otras más, eran el pan de cada día. Es cierto que recibí toda clase de regaños, día y noche los escuche, pero mi familia estaba ahí,  no me dieron la espalda ni me abandonaron como lo hizo mi novio, por el contrario mi papá con todo y el dolor que la situación le producía, se preocupó por mi, por mi salud, por la salud de mi hijo, me llevó a los controles, a las ecografías y a todo lo que tuviera que ver con médicos.

Ante la presión que ejerció mi papá sobre Manuel, este respondió arregañadiente y comenzó a dar una cuota que muy seguramente le daba su mamá. Esto era supuestamente para pagar algunos medicamentos y otros gastos que no tendría si no estuviera en embarazo. Sin embargo no lo tenía a él, Manuel estaba más distante que nunca, no me llamaba para saber como estaba, no me visitaba, no se acercó para hablarle en el vientre a su futuro hijo, solo hasta el momento del parto parecía estar preocupado y estuvo ahí. Creo que solo cuando vio a su hijo recién nacido asimiló su paternidad y empezó a quererlo y preocuparse por él, aunque era muy claro que no quería nada conmigo.

Yo guardaba la esperanza de que el padre de mi hijo entrara en razón y se diera cuenta que tenia una nueva familia, esperaba que volviera arrepentido y llorando por lo tonto que había sido, pidiéndome perdón y suplicándome que regresara con él, pero no fue así; Manuel ahora tenía un nuevo amor, una nueva chica que acababa de conocer y que ahora ocupaba el puesto que yo creía merecer. Nuevamente me decepcionó y aunque sentí una gran herida en mi corazón, ya no me sorprendía nada de él, así que rápidamente lo superé.

Hoy a mis 17 años soy una madre feliz, mi bebe ya cumplió sus dos años, pero sacarlo adelante no ha sido nada fácil, realmente ha sido más duro de lo que imaginaba y se que lo que sigue será igual. Hoy entiendo todos aquellos regaños, advertencias y demás consejos. Como sería de diferente está historia si le hubiese dado tiempo al tiempo, si hubiese esperado ha estar mas crecidita para comenzar mi vida sexual, ¿qué hubiera pasado si hubiera obedecido a mi papá?

Ahora entiendo que la sexualidad es algo serio, que no se trata solo de morbo y el acto rico del momento. Las relaciones sexuales marcan para toda la vida, así que mi consejo para todas las chicas y chicos que lean esto es:

Piensen muy bien las cosas antes de hacerlo y no se dejen llevar solo por el calor del momento.